|
Edición
Nº 4588, 13 de noviembre de 2000.

Un
nuevo hotel cinco estrellas
 |
|
Ubicado
en una de las zonas más bellas de la ciudad, el Hotel Emperador se
define por una estética marcadamente europea, con una combinación
de colores perfectamente estudiados y una decoración adecuada con
el estilo del entorno, puntos clave de la nueva arquitectura. |
A pocas cuadras de la estación Retiro, en Av. del Libertador al
400, los arquitectos Alejandro D’Angelo y Horacio Gosende de la empresa
Evecon, comenzaron la construcción a principios de año de un establecimiento
hotelero de 274 habitaciones, que se distribuyen en 22 pisos y una superficie
total de 30.000 metros cuadrados, con piscina, business center, fitness,
bar, restaurante, un club vip y sala de banquetes para 1000 personas,
entre otras comodidades.
A mediados de agosto los profesionales señalaban que “en
este momento hay más de 500 personas trabajando en los detalles finales
de la obra, que se hizo en muy poco tiempo. Nosotros nos propusimos hacer
este hotel respetando el espíritu del entorno”.
Ello significaba adecuarse con la arquitectura y estética
de los palacios de la zona, “por eso hemos logrado esta construcción de
estilo clásico que diferencia el producto de otros hoteles como los de
las cadenas americanas”.
Decoración
Precisamente por este motivo, el profesional encargado de
pensar la decoración del lugar fue un portugués de muy larga trayectoria
en la actividad, el arquitecto Rui Costa, quien precisó que “el Emperador
no tiene un estilo definido, se trata de un mix de estilos europeos, porque
la idea fue inspirarse en los palacetes de Buenos Aires”.
Así, el arquitecto mezcló algunas tradiciones francesas
como las barandillas o la boiserie, un bar con ascendencia inglesa, una
fuente barroca, el uso reiterado de la piedra París y la marquetería italiana
en los mobiliarios, lo que da como resultado una superposición sobria,
“una suerte de cadencia histórica”, según define Costa, agregando que
“crear el alma de un sitio es lo más importante y para eso sólo hay que
destacar algunas piezas, porque en realidad no debe notarse que el lugar
ha sido decorado”.
En este sentido, el color juega un papel fundamental. “El
hotel es monocolor en su conjunto pero con detalles cromáticos que pueden
parecer agresivos”, explica el arquitecto decorador.
En efecto, techos, paredes y pisos juegan en las gamas del
crema marfil, un color que da luminosidad y que se potencia con la iluminación
focalizada. Pero además, el hall de entrada está sostenido por cuatro
columnas gigantes, de 1,30 metro de diámetro cada uno, que buscan un efecto
de seguridad.
Para resaltar estos cuatro elementos, el arquitecto se animó
al color bordó fuerte “parecido a la sangre de buey. Es un color violento,
pero permite ensalzar la importancia de las columnas, como si se tratara
de jarrones chinos”.
Con su estética bien europea, el hotel abrió sus puertas
en octubre, aunque no se hallaba totalmente terminado; de todos modos
esa apertura permitió conocer el espíritu del lugar. Es que también, a
diferencia de otros establecimientos, el Emperador fue pensado para invitar
a entrar. Por eso, sólo con caminar por Libertador se ve el interior hasta
una distancia de 80 metros, que termina en un profuso jardín.
Pintura
“Estimo que al finalizar la obra habremos usado entre 15
y 20 mil litros de pintura”, dice Juan Carlos Yankelevich, presidente
de la empresa aplicadora de la obra, detallando que para las paredes exteriores
eligió Endurance, látex acrílico mate con brillo rasante de calidad super
premium, que tiene garantía por 20 años, mientras que para los subsuelos
utilizó Duralba. En todos los casos, el color predominante es el hueso
o crema marfil.
|