El Constructor

"Necesitamos un ordenamiento macroeconómico que hoy no existe"

Rodrigo Álvarez

Construcción

Luego de varias semanas de paz cambiaria y lenta baja de los niveles de inflación, el mercado parece haber recuperado cierta calma. Sin embargo, la actividad económica no levanta con el ritmo y la velocidad que los actores económicos esperan, después de más de un año de volatilidad e incertidumbre.

 

“Veo una baja de la inflación, convergiendo hacia niveles del 2% hacia fin de año y una cierta recuperación de la actividad en el segundo semestre”, aseguró el economista Rodrigo Álvarez, titular de Analytica Consultora.

 

En diálogo con El Constructor, destacó que la clave de cara a 2020 pasa por “poner en marcha una agenda de reformas como la previsional y la reforma laboral”. También enfrentar el desafío de mejorar el perfil de la deuda, asegurar la provisión de dólares para acompañar el crecimiento de la economía con importación de insumos y bienes intermedios, encauzar la nominalidad de la economía, en buen criollo “bajar la inflación”, y atender las situaciones de pobreza y desempleo.

 

¿Ya llegó a un piso el nivel de actividad, como dice el Gobierno?

 

Todavía hay que esperar un poco más, recién en el segundo semestre vamos a empezar a ver algún tibio cambio de tendencia. Básicamente, porque el rebote quedó concentrado en el agro pero todo lo que está asociado al mercado interno sigue cayendo a tasas de dos dígitos.

 

Un motivo muy claro es que se perdieron casi 300.000 puestos de trabajo y el salario real en términos interanuales sigue cayendo, mientras que en términos mensuales todavía no se recupera. El Gobierno está empezando a entender que sin el mercado interno esto no tiene piso y por eso la búsqueda de algún paliativo, con los instrumentos de crédito de ANSeS, con la búsqueda de reflotar el crédito subsidiado o los planes de compra en cuotas sin interés.

 

Obviamente, son elementos que ayudan, que suman, pero el problema es que el 85% de la demanda está más asociada al grueso de la masa salarial, sobre todo a la registrada. Ahí todavía no hay un cambio de tendencia. Para que la inflación se estabilice en torno del 2% faltan varios meses, lo veo más sobre fines de año. Que el tipo de cambio se estabilice es una condición necesaria. Tuvimos un mes de paz en el tipo de cambio y parece que hubiera sido un siglo.

 

¿Ve rebote en alguna actividad? Desde algunos despachos oficiales hablan de metalmecánica vinculada al agro, el acero e incluso desaceleración de la caída en la construcción.

 

Las actividades que están con una dinámica clara son muy puntuales, asociadas a la agroindustria, por la cosecha. Obviamente, hay buenas perspectivas en energía, algo de intermediación financiera y los sectores ligados al turismo receptivo también están empezando a beneficiarse. Pero todavía falta.

 

En la construcción, el costo bajó en dólares, pero el problema es que uno de los sectores que traccionaba, que es la obra pública, está quedándose sin empuje. Las obras grandes como el Paseo del Bajo, se están terminando. Provincias y municipios tienen algo, pero no hay tracción ahí.

Justamente, desde la cámara sectorial dicen que cuando terminen las obras públicas en curso, podría haber incluso una caída del empleo.

 

Claro, porque no hay pipeline, no hay obras que vengan atrás. La variable de ajuste del gasto viene siendo la obra pública y los programas que se suponía que iban a empalmar como los PPP, a raíz de la crisis de 2018 y la situación de tensión a principios de ese año, no arrancaron.

 

Hace poco se destrabó el financiamiento para los corredores viales. ¿Podría ser momento ya para que empiecen otras obras con la modalidad PPP?

 

No hay una baja del riesgo país que permita encarar proyectos como los PPP. El frente financiero no está despejado y creo que falta mucho para que se despeje. Lógicamente, hay una dimensión política, pero por debajo de ella hay una dimensión real que todavía no está saldada y es que Argentina tiene un nivel de deuda y un perfil de vencimientos que necesita oxigenarse, tanto con el sector privado como con el FMI.

 

Ésta es una gran discusión con todas las condicionalidades que eso trae aparejadas, por un lado, y por otro, el problema de la falta de dólares en Argentina todavía no se ha solucionado. Si bien la economía hoy no demanda la misma cantidad de dólares, lo cierto es que si aspiramos a volver a crecer, parte de las importaciones tendrán que empezar a moverse y serán menos dólares disponibles.

 

¿Es posible un incremento del crédito con estas tasas de interés?

 

No, cuando uno ve la demanda final de consumo durable, que va desde línea blanca hasta autos y vivienda, hay un problema de expectativas. La gente dice no es momento para cambiar el auto, comprar otra heladera, o cambiar el televisor. Me refiero a ese consumo que se genera cuando las expectativas están fuertes, hoy no está y ni hablar la venta de propiedades.

La escrituración está con una caída muy fuerte. La industria de la construcción está golpeada y la actividad inmobiliaria, paralizada. Muchos inversores siguen volcando parte de sus recursos al ladrillo, pero la rueda se tiene que mover. Si construís y no vendés, que es lo que está pasando, los desarrollos se frenan y no se sostienen los niveles de actividad.

¿Hay obras privadas en curso porque los inversores ven oportunidades de acá a unos meses?

Sí, hoy el inversor se vale de la gran brecha entre el precio de venta teórico y el valor de construcción en dólares, aunque en algún momento eso también tendrá alguna corrección. En Argentina los precios de las propiedades no son muy flexibles a la baja, pero lo cierto es que cuando llegan operaciones en firme, los desarrolladores convalidan descuentos.

 

¿Cuánto pega en esta situación el clima electoral?

 

Este año está perdido. Insisto, mi opinión es que esto no se despeja en octubre. Como dijera Churchill “no es el fin ni el principio del fin”. Después de octubre lo que vamos a tener es el fin del principio. La agenda de reformas está abierta y los mayores desafíos son qué va a pasar con la deuda, con la falta de dólares, con las necesidades de encauzar la nominalidad de la economía (inflación), y cómo atacar la pobreza y el desempleo.

 

Todo esto en un contexto en que habrá que seguir tomando medidas de consolidación fiscal, reconstruir la política monetaria del Banco Central y negociar con el Fondo Monetario.

 

O sea que tendremos un 2020 complejo…

 

Veo un 2020 trabado. Me sentiría satisfecho si el gobierno que asuma en diciembre tiene la capacidad de sentar las bases a partir de 2020 para que Argentina crezca y despeje el panorama. El nuevo gobierno debe lograr que el BCRA sea creíble nuevamente y  pueda generar que los agentes económicos formen sus expectativas de inflación mirando hacia adelante y no hacia el pasado.

 

¿La palabra que dominará la agenda 2020 es reforma?

 

Necesitamos previsibilidad y un ordenamiento macroeconómico que hoy no existe. Si resolvemos más o menos estas cuestiones, después si en lugar de 35% de inflación, tenemos 36 o 37%, en un proceso de convergencia hacia un dígito en cinco o seis años, no es tan grave.

Es peor no saber qué va a pedir el FMI y en cuántos años vamos a refinanciar esos U$S 57.000 millones, que son un Everest de vencimientos de deuda. Es obvio que se va refinanciar, lo que no es obvio es qué va a pedir a cambio el Fondo y si le va a pedir lo mismo a Fernández-Fernández que a Macri.

 

Claramente, el Gobierno que asuma el 10 de diciembre tendrá una economía frágil y con muchos interrogantes por delante. La agenda de temas densos está por venir. Aún no dijeron nada sobre qué hacer con la reforma previsional, y ojo con la reforma laboral. Un mercado laboral demasiado flexible a España le costó 25% de desempleo.

 

¿Van a resolver la falta de dólares devaluando a la 2018, con un punto de partida de 40% de inflación? Esa una solución suicida. ¿Lo van a resolver empezando a limitar algo la salida de capitales o trabando la cuenta Capital? ¿Trabajando sobre las importaciones nuevamente, con algún tributo? Son todas definiciones pesadas.